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EL MÉTODO DE LA CIENCIA FICCIÓN EN LA ARQUITECTURA
Información y especulación

La arquitectura ocupa una posición intermedia entre la ciencia y la ficción. Mientras la ciencia nos permite comprender el mundo a través de la información, las mediciones y la evidencia, la ficción nos permite imaginar realidades posibles que aún no existen. Es dentro de este territorio intermedio donde se despliega el proyecto arquitectónico: un proceso que analiza las condiciones del presente mientras proyecta simultáneamente escenarios futuros de habitabilidad. En este sentido, la dimensión artística de la arquitectura emerge precisamente en el ámbito de la especulación, donde la imaginación, la narrativa y la interpretación del mundo transforman la información en espacio.

Como señala la filósofa de la ciencia Anna Estany, “la relación entre arquitectura y ciencia está fuera de toda duda”: aunque la arquitectura no es una ciencia exacta, su desarrollo está profundamente vinculado al conocimiento de disciplinas como la física, la ingeniería, la climatología o las ciencias sociales. Los proyectos arquitectónicos contemporáneos dependen cada vez más de información verificable (climática, estructural, energética o demográfica), lo que permite comprender mejor las condiciones reales de habitabilidad.

El uso de la información transforma la arquitectura en una práctica informada por evidencia. El investigador y arquitecto Gerhard Schmitt señala que “todos los arquitectos necesitan datos”, ya que gran parte de la toma de decisiones de diseño depende de información cuantificable: desde la temperatura de un espacio hasta el comportamiento estructural de un material o la densidad de ocupación de una vivienda. De este modo, el arquitecto no solo imagina espacios, sino que también analiza, mide y modela información sobre la realidad, convirtiendo el proyecto en una forma de conocimiento aplicado.

Sin embargo, la información por sí sola no produce arquitectura. El proyecto también requiere de una dimensión especulativa capaz de imaginar escenarios que aún no existen. En este punto surge la ficción, entendida (según la Real Academia Española) como una simulación o invención de realidades posibles. En arquitectura, la ficción no implica fantasía desconectada del mundo real, sino un dispositivo de anticipación que permite proyectar futuros posibles a partir de la información disponible en el presente.

El arquitecto Ole Scheeren resume esta idea afirmando que “toda obra de arquitectura es primero una obra de ficción”. Antes de ser construida, un edificio existe como una hipótesis imaginada, una narrativa espacial que describe cómo podría ser habitado un lugar. De manera similar, el teórico Mark Wigley ha argumentado que las narrativas especulativas, incluida la ciencia ficción, funcionan como laboratorios intelectuales para la arquitectura, donde es posible explorar transformaciones tecnológicas, sociales y ambientales que aún no forman parte de la realidad construida.

De la convergencia entre información y especulación surge lo que puede llamarse el método de la ciencia ficción en arquitectura. Este método combina evidencia científica con imaginación proyectiva, utilizando la información sobre el mundo real como punto de partida y la ficción como herramienta para explorar sus posibles consecuencias espaciales. Lejos de oponer ciencia e imaginación, esta metodología las integra en un único proceso: primero interpretando la información disponible sobre el presente, y luego simulando escenarios futuros a través del diseño arquitectónico.

La arquitectura se convierte así en una forma de simulación de la realidad, donde el diseño actúa como un experimento espacial. La información describe la realidad (clima, densidad, recursos o tecnología), mientras que la ficción permite imaginar cómo esas condiciones podrían transformarse en nuevas formas de habitar. El proyecto funciona entonces como un prototipo del futuro, capaz de traducir información en escenarios habitables.

En el núcleo de este proceso se encuentra la información misma. La arquitectura puede entenderse como una disciplina que interpreta información sobre el mundo y la transforma en espacio. En este sentido, la información no solo describe la realidad, sino que también genera forma.

De hecho, dentro de la propia palabra información se encuentra la palabra forma. La arquitectura puede entenderse así como el proceso mediante el cual la información se convierte en forma. Sin información, no hay forma, porque la forma arquitectónica no es arbitraria: surge del entendimiento del contexto, de la interpretación del conocimiento disponible y de la especulación sobre futuros posibles.

La arquitectura se revela, entonces, como una práctica capaz de transformar conocimiento en espacio, información en forma y especulación en posibles escenarios de habitabilidad.

Sebastián Contreras Rodríguez
Arquitecto – Investigador
Master of Architecture
www.hand-studio.com

Human and Humanitarian Architecture Studio

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